Mi?rcoles, 23 de abril de 2008

STAR SYSTEM

 

Llego y me siento en una mesa. Lo normal, no me voy a sentar en el suelo. Esto es, me siento en la silla que está junto a la mesa. No voy a contar como llega a mis manos aquella ensalada, lo cierto es que cuando quiero darme cuenta ya me encuentro aliñándola. Es verdad que a veces uno hace cosas casi sin pensarlo y salpimentar la lechuga es una de ellas. Es como llevarse un pitillo encendido a la boca por la parte del filtro. No tiene sentido quemarse los labios. Todo eso sucede en dos minutos.

Fuera parece que llueve. Realmente no cae ni gota, pero a mí me lo parece. Un hombre se acerca a pedir su comida, vestido con bermudas de dibujitos de bonsáis dejando a la vista unas canillas blancas con dos o tres varices. Son momentos en los que no me quejaría de ser ciego. Unos cuantos imberbes hacen cola a su lado. Es un dato que no importa si no fuera porque a mis espaldas está el típico hombre con sombrero de ala ancha leyendo el periódico. No he mirado hacia atrás, no lo he visto siquiera, pero es tan típico que no lo considero necesario y lo doy por hecho.

 

De pronto reparo en otro. Está frente a mí,  hablando sólo mientras hace que come, porque come poco. Realiza un compendio de gestos que me hacen pensar que mantiene una charla, pero no hay nadie sentado con él. "Está hablando sólo", me digo. Al mismo tiempo, también me doy cuenta de que estoy hablando sólo, pero ceso.

Está junto a sus amigos imaginarios, calculo que uno a cada lado. De vez en cuando, asiente a las pretensiones del de su izquierda, debe de ser buen conversador. Con el otro suele intercambiar miradas de incomprensión. "Charla con sus amigos imaginarios", me digo, esta vez haciendo un esfuerzo para sólo pensarlo. Todos tenemos amigos imaginarios, un par de ellos como mínimo. Confesad. Yo tengo dos, pero hablan entre ellos, no conmigo, yo me limito a escucharlos y no les dirijo palabra. No los entiendo y ellos no me entienden a mí, hablan en belga, a pesar de que uno es chipriota. Agradezco su - de ellos - indiferencia hacia mi persona. No quisiera parecer un tarado.

Fuera parece que ha salido el sol, pero no lo constato porque estoy pendiente de unos jóvenes aprendices que a través del cristal ríen a costa del charlatán solitario. Ven mi sonrisa bobalicona y a modo de saludo me muestran unos clavos, alicates de corte y una escofina. "Son aprendices de carpintería", deduzco.

Él sigue comiendo poco y charlando, gesticulando mucho. Ahora intenta pinchar un tomate cherry con su tenedor de plástico, pero las púas resbalan sobre las redondas formas del fruto provocando un efecto centrípeto que hace al tomate volar y perderse para siempre sobre mi ensalada, justo al lado de la col lombarda, al fondo a la izquierda del cebollino. Entonces me doy cuenta. Su cabeza es como un tomate cherry que salió volando y se perdió, justo al lado de unos ojos que miran a otro lado, al fondo a la izquierda de un abandono.

Sigo salpimentando.




 


Publicado por Fransi @ 17:53 | 0 Comentarios | Enviar

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