sábado, 10 de diciembre de 2005
Ha sido un largo camino llegar hasta aquí para escribir un par de pajas mentales de las mías. Tengo puesto el emule y me va a 29, un lujazo señores, un lujazo pero me ralentiza la ya de por si ralentizada página de miarroba, y para llegar hasta escribir esta entrada tengo que pasar varias ventanas, es un proceso que parece no tener fin si estás mangando algo. Ha sido un largo camino llegar hasta aquí pero no podía quitar el emule, bajar a 29 en esta mierda de programa solo pasa una vez cada 75 años, y hoy me ha tocado a mí, son cosas que no sé como interpretar.
En el parque de abajo de mi casa se entrenan unos chavales, se van alternando entre portero y tiradores y uno acaba de meter un golazo por una escuadra imaginaria. El portero tiene gafas pero eso no tiene nada que ver. Entrenan, de verdad, son entrañables. El de las gafas es mi preferido, dios lo bendiga. Tiene unas gafas como las del negrata ese, Davids, me recuerda al típico pibe de pandilla americana que se cae por el barranco al intentar cruzarlo por un tablón de madera crujiente y se estampa contra una roca. No ve una, pero dios lo bendiga.
Hace un día falsamente bonito. Soleado pero hostil. Un viento de tres pares de cojones y frío. Me he tenido que poner la chaqueta del pijama de cuadros encima de la camiseta como Chris Isaak, automáticamente estoy silbando estrofas de una balada country, así que decido cambiarme y ponerme un nicki. Un jersey. ¿No hay palabras españolas que definan esta prenda?.
Ahora voy a tomarme un café con Ale y Sergio. Necesito ese jodido licor.
Estoy acatarrado y nunca cuajo en gripe. Nunca. Me llevo acatarrado meses, entre paquetes de clínex, atrapado entre las garras de los demonios del catarro, moqueando. Suenan los compases de (Per)version of the truth de Mudvayne y sé que algo bello va a pasar en algún lugar del mundo y yo no estaré allí para verlo. No acostumbro a estar en mi mundo y eso me jode.
Me jode vivir en su mundo, y no en el mío.