viernes, 09 de diciembre de 2005
Viernes creo que es, no estoy seguro, después de una semana tan rara no tengo la certeza de que sea viernes o martes; que cojones, ¿acaso importa? Todos los días son desesperadamente iguales, menos el domingo. Gracias al fútbol, al cazón en adobo, a la birrita, el café y el multifrutas, el Cádiz y esa obra de arte de unos putos nacionalistas desfasados llamada Barsa. Lo digo hoy (¿viernes?, 9 de diciembre de 2005), el Barsa va a ganar la Copa de Europa, y debe hacerlo eliminando a Chelsea, Milán, Liverpool y Juventus. Y puede hacerlo. También hoy digo que Messi va a ser Balón de Oro en pocos años, es como una pelusa cósmica con un tobillo izquierdo prodigioso. Como esa bola de pelo que llamaron el Diez.
Tengo que subir a la azotea y rezo para que no me toque nadie en el ascensor. Odio subir acompañado de un desconocido en ese pequeño habitáculo apestoso. O con un vecino, que es peor, porque este me va a hablar durante el corto trayecto del clima, o del puente, o me va a gastar una absurda broma que va a hacer brotar de mí la ira más brutal que se recuerde en la comunidad. Estamparé su cabeza contra la puerta del ascensor y me comeré su hígado. Al menos lo iré imaginando mientras llego a mi destino más próximo, recoger la ropa.
Me cago en su puta madre.
Esta mañana, he ido a correr un poco. La playa lleva toda la semana estupenda, perfecta para pasear o hacer ejercicio mientras escupo toda la mierda que llevo en mi interior en forma de mocos y nicotina. Maldita sea, voy a tener que fumarme un pitillo en la azotea.
ACTUALIZACION, 16:07 p.m.: Ha ocurrido algo peor de lo que me temía en mi visita al tendedero. Mientras buscaba la llave de la puerta de la azotea en el canasto de las pinzas, se me ocurrió volcarlas todas, causando un pequeño ruido provocado por esos pequeños trozos de plástico en el silencio de la escalera. Alguna vecina debió pensar, sin duda alguna bajo el efecto opiáceo del programa de Juan y Medio, que estaban violando a alguien o que algún viejo se había partido la cadera contra un escalón, que se yo. ¿Qué pasa?, ¿qué pasa?, grita la oronda figura. Me disculpo amablemente por haber sido tan bruto mientras lamento que en este país te condenen por meterle dos balazos en la cabeza con buen criterio a quien lo merezca. Estúpidas leyes.
Creo que me estoy conviertiendo en un sociópata.