sábado, 24 de septiembre de 2005
Yo, tengo que reconocerlo, era uno de los que leía su blog. Sembrado de chispazos de incompetencia lírica, la tía procuraba salvar la papeleta copiando alguna canción de Sabina o provocar el delirio sentimental con algunos versos de poetas consagrados. Como escarpias. La chica era una auténtica rapsoda.
Y ahora se va. El enlace en su pagina del Kikoblog ya no tendrá sentido. Nos deja vacíos sin contarnos a que huelen las nubes, ni sabremos si también venden camarones en las playas de Lisboa. Se pira pero por la puerta grande, con el tío despechado echando la pota sobre la pava.